En una historia de amor, una amistad, una relación familiar... si no se tiene en cuenta lo que le gusta o no a la otra persona, no se avanza. Es imposible. Se llega hasta un punto, pero de ahí no se pasa. Si alguien nos dice que le hemos hecho daño por unas desafortunadas palabras que le hemos dirigido, es de ley pedir disculpas e interesarse por ello.Pero los faltos de empatía, si consideran que para ellos no ha habido tal ofensa, no sólo no lamentan su acción sino que la refuerzan, se sienten atacados y al final son ellos los que se enfadan. Ridículo. En vez de regalar el cariño y consuelo demandado, se cierran en sí mismos, y con dicha actitud van perdiendo a esa persona... Esa persona que seguro estaría más que satisfecha con unas palabras amables y viendo que se interesan por ella.
Pues hasta "los mismísimos" está esta humilde bloggera de tropezarse con personas así.¿Será porque yo soy todo lo contrario? Llamadme "bienqueda", pero yo no soy capaz de hacer sentir mal a una persona si el perjuicio ha venido además de mi parte. No cuesta tanto meterse en la piel del otro de vez en cuando, porque además esta forma de actuar SIEMPRE comporta un beneficio propio, y no es otro que el de que esa amiga, un novio o una madre dolida nos quiera aún más. Ser empático es una cualidad humana que debería ser obligatoria, pero desafortunadamente hay muchos individuos que carecen de ella. Y que año tras año van perdiendo amistades y relaciones por no cuidarlas como deben.
Aunque a nosotros nos parezca una solemne tontería lo que hemos dicho o hecho, en la escala de valores del otro sí puede haber sido algo de gravedad. Unas palabras poco pensadas pueden hacer mucho mal en un momento dado. Y si nos vemos cargados de razón, explicarnos sin alterarnos. Calma, relax, que Roma no se construyó en un día. Porque, ¿qué prefieres? ¿seguir disfrutando de esa persona a quien le importas o echarla de tu vida por tener un baremo de sensibilidad distinto al tuyo?
Es fácil, ¿verdad?
Patricia

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